Cuando las mujeres lideran, la política deja de ser solo discurso y se convierte en acción con propósito. El liderazgo femenino no es una moda ni una concesión simbólica: es una respuesta concreta a sociedades que exigen sensibilidad, firmeza y resultados reales.
Las mujeres que llegan a espacios de poder suelen hacerlo tras recorrer caminos más largos y empinados.
